créditos: Bella Club

Reflexión de agosto

Quiero hacer una pregunta que tal vez ya se hayan planteado. ¿Crees que se nos están yendo las cosas de las manos cuando el asunto es violencia o apenas tenemos más acceso a la comunicación y todo gana más notoriedad? Sabemos que esas atrocidades siempre sucedieron, la diferencia es que hoy tenemos el poder de la comunicación, donde cualquier persona denuncia en redes sociales, usa un smartphone para hacer denuncias, tiene el poder de grabar con el móvil y publicar todo en internet.

Ahora vamos a pensar: un poder tan fuerte puede estar en un simple teléfono, ¡cuánta evolución! Pero si nos paramos para pensar que evolucionamos en la ciencia, en la tecnología, en la aerodinámica y en otros aspectos, ¿por qué no evolucionamos en las actitudes de la misma manera? ¿Por qué continuamos torturando, siendo hipócritas, tratando a las mujeres y a los animales como objetos? Y cuando digo “nosotros”, hablo de la sociedad en general. Y no de personas específicas.

Lo único que cambió, actualmente, es colocar el nombre de feminicidio en la forma bizarra con la que los hombres matan a las mujeres por celos, por querer terminar la relación o por una traición. En ningún momento aprendimos en la escuela que las personas son propiedades de las personas. O sea, ¿quién dijo que si comenzamos una relación pertenecemos a alguien y nunca más podemos dejar marchar a esa persona? ¿No tenemos derecho a dejar de amar? ¿Solo el derecho de castigar como si fuésemos bárbaros y además echar la culpa a los extintos salvajes masculinos?

Reclamamos tanto de la tecnología, del tiempo que las personas con las que convivimos están enganchados a las redes sociales, esas atrocidades que suceden desde que el mundo es mundo pueden llegar al conocimiento del público, de la policía, de los ciudadanos en general. Y esta es la parte más increíble de nuestra era actual, donde las injusticias se combaten con la indignación de las personas, en la búsqueda de los derechos básicos.

Jamás podemos prever estas situaciones. Al punto de que cuando nos vemos como víctimas de algo difícil nuestro primer pensamiento es que jamás pensamos que viviríamos esta situación. Concluyendo que estamos en otro momento, precisamos recordar que todavía somos las mismas personas. Y por eso continuamos con nuestros valores y juicios. Si esta reflexión te parece aburrida, practica la empatía. Piensa que tienes una hermana, madre, esposa, hijas. O incluso que tienes hijos pequeños en la escuela, animales. Puedes ser el agresor o el pariente de la víctima. O incluso, la propia víctima.


Mariana Goulart


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