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créditos: Max Gonçalves

Brujas

“No creo en las brujas, pero haberlas, haylas.”
(Proverbio español)

 

Vinícius de Moraes repetía siempre esto, principalmente cuando tenía la tentación de empezar un noviazgo, cambiar de mujer, vivir la vida loca.

Yo respondía: - ¿Qué es eso poeta? ¿Superstición?

Y él decía: -Mujer bruja es peor que bahiana, te hechiza y no consigues salir, solo llorando mucho o tomando un baño de hierba brava.

Y continuábamos bebiendo porque, al final, ya pasaba de las diez de la mañana y era miércoles. En una víspera de sábado resolvimos intentar definir qué sería una mujer bruja.

Estábamos en la eterna Ipanema, en uno de los bares de aquellas esquinas casi en el mar y Tom discutía mi elección de Shirley Horn cantando “Come a Little Closer” como una de las diez mejores canciones de jazz del mundo. Vinícius, serio y resacoso, salió con su frase preferida: - ¡Esa mujer es una bruja!

Y así, a partir de esta afirmación categórica del poeta, entramos en el asunto y resolvimos definir mujer bruja y crear un manual contra ellas.

-Mujer bruja es siempre alta o gorda, las delgadas y pequeñitas no tienen peligro.

-¿Y delgada alta?

-Es peligroso.

-¿Las rubias? ¿Pueden ser brujas?

-Claro. Las vikingas. Las más peligrosas. Se transforman. Besan y no pierden la mirada fría, vacía, siempre en otro mundo.

-¿Mulata también?

-Ahí no, mulata es candomblé, macumba, África madre, son brujas de la naturaleza, se mueven como serpientes y ríen como mujer en celo. Te comen por dentro y huelen a romero.

-Pero, al final, ¿cómo descubres si es bruja o no?

-Compañero, es difícil. Saben disimular. Hay hombres casados hace 60 años que todavía no lo saben. El otro día un amigo se rompió la pierna, andando, así, ni estaba borracho, ni nada, ni estaba mirando el culo de una mujer, nada, andando como un español vanidoso y ¡pumba! Cayó y se rompió el tobillo, brazo, nariz, ¡un desastre! Descubrimos en el hospital que estaba casado con una bruja. Dieciséis años y pensaba que era feliz, una traición aquí, otra allí, pero nada serio, todavía la llamaba “mi amor” y hasta la besaba en la boca. Hasta que le tocó la lotería, un poquito de dinero, pero mujer bruja, ya sabes, no compartió el dinero y se rompió todo. Y era morena, grande, fogosa, tenía una mirada seductora, pero era una bruja.

-Pero, al final, tenemos que protegernos, vamos a hacer un manual contra ellas. Entienden todo de las mujeres, hacen música para ellas, poesía para ellas, gente amando por ahí, recitando tus versos y la música del maestro, y el peligro suelto, las brujas amenazando, no da, ¡hay que resolver eso hoy!

Vinícius se puso serio, estaba en el segundo whisky, necesitaba tres para curar la resaca, aunque con dos ya clareaba su pensamiento. Todavía no daba para hacer poesía, pero crear un manual contra brujas era posible.

Pedimos papel, y con un bic del camarero, como casi todos los bics de camarero casi sin tinta. Colocamos el papel en el centro de la mesa, apartamos los vasos, secamos y, con aire de ejecutivos inteligentes, comenzamos a pensar.

La energía estaba llegando cuando una chica de otro mundo paró y pidió, con mucha gracia, un autógrafo del poeta y del maestro. Además, se giró hacia mí y preguntó: ¿Haces algo? ¿Eres famoso?

Respondí lo de siempre: -No, soy el profesor de ballet de los dos, ¡están bailando muy bien!

Me miró con espanto, movió el cuerpo y fue al mar. Ipanema era Ipanema todavía. Olía a salitre y había edificios pequeños, llena de casas, aire de ciudad del interior y mucha, pero mucha mujer bonita. Comenzaban a aparecer los biquínis tipo hilo dental y el pantalán estaba allí, la lata tenía apenas un mes y todavía era asunto de todas las conversaciones.

La lata, para los que no saben, fue porque un navío africano, de carga, medio viejo, fue perseguido por la guarda marítima y las tiró al mar, frente a Ipanema, un cargamento de latas llenas de las mejores marihuanas del mundo.

La marea trajo esas latas para la arena y así, en una bella mañana de sol, en las arenas de una de las playas más lindas del mundo, era solo coger una lata y quedarse feliz por varios días. Con el tiempo surgieron los cazadores de latas, que cobraban por ir a bucear a por los tesoros. Las noticias hablaban de más de 30.000 latas y ya había más de 100.000 falsificaciones. Unas latas en Marechal Hermes, suburbio de Río, ya entregaba la lata con el producto dentro, hasta con olor de mar y sal en los bordes, comenzando a oxidarse, ¡trabajo perfecto!

Después de la interrupción, discutimos todavía por unos quince minutos el cuerpo de la chica y terminamos dando nota, porque el maestro siempre se quejaba de nuestra absoluta falta de gusto para las mujeres.

-Mujer tiene que tener ritmo, moverse bien, no puede ser solo un culo y muslos y unos senos llenos de gracias, tiene que tener más, se están volviendo viejos, cualquier cosa quemada y de voz arrastrada dan diez. ¡Qué es eso! Diez es para una musa, doy un diez para Edith Piaf que es mucho más fea, ¡pero es una mujer!

Ahí estamos todos de acuerdo, quién no daría un diez para Edith Piaf, solo locos. También estábamos de acuerdo en un ocho con honores para la chica que pasará y volvimos al asunto de nuestra reunión, el manual contra brujas.

-Tenemos que abrir el manual con una declaración –dijo el poeta- no podemos comenzar condenando. Mujer no se condena, se entiende, se huye, si es necesario, pero condenar, ¡nunca!

Aceptamos, al final, que si la bruja es bonita, ¿para qué condenar? Después de tres caipirinhas - cambiamos de bebida porque la resaca del poeta ya había pasado – todavía no habíamos escrito la primera palabra. El papel estaba allí, los bics también, pero texto que es bueno, nada.

Nos intentábamos concentrar cuando pasó un coche con la bandera del Fluminense. Ahí participamos, “¡Vamos Flu!” Y dije bien alto, al final teníamos a Rivelino en Maraca. El poeta, del Vasco, me miró con un desprecio arrasador y dijo: -¿Vinimos a trabajar o a hablar de tonterías? Si te gusta tanto Rivelino ve a ser recogepelotas para estar cerca de él, darle la bola, a tu héroe.

Como siempre, esta frase inesperada, nos llevó a discutir de fútbol. Fueron más de diez capirinhas y mucha mujer buena pasando para, finalmente, volver al contenido de nuestra reunión, el manual contra las brujas.

Pero era imposible parar, no llegábamos a ningún acuerdo, hasta usamos palabras duras para defender nuestra pasiones. El maestro, del Fluminense como yo, daba opiniones contundentes contra el espíritu vascaino del poeta y, de repente, un vecino de mesa, un desconocido, se metió hablando del Flamengo, y entonces el tiempo se calentó.

-No formas parte de esta reunión, no te metas, no te manifiestes,-decía el poeta con la autoridad de sus cabellos blancos.

-Son unos brutos, todos pueden hablar, solo porque no somos famosos que tenemos que callarnos, esto es un bar y no de ustedes.

Como el asunto estaba explotando, Manuel, portugués, dueño del bar, vascaino, pidió silencio y ofreció una ronda gratis para que todos cambiásemos de asunto y no nos peleásemos más. Recibió una ovación, pedidos de amor y bis final, ¡a quién no le gusta beber gratis en un bar de Ipanema!

Volvimos al asunto y como el poeta decía que el sábado estaba llegando, resolvimos apresurar los trabajos. Cada uno escribiría unas cinco líneas de introducción y después comparábamos, editábamos y así haríamos el manual a seis manos, una verdadera ensalada alemana.

Me concentré y empecé a trabajar. No entendía nada de brujas y de mujer era discutible. Me apasionaba mucho y a todas horas. En un mismo día era capaz de tener más de tres grandes pasiones y todas para la vida entera. Despertaba al día siguiente, hacía poesía, tocaba música, iba a la playa, contaba al grupo mis pasiones de la víspera y en la puesta de sol ya me había olvidado de todo.

Así comencé a pensar y a escribir qué sería esa tal mujer bruja, y fue saliendo un texto así: “Mujer es siempre mujer. No se entregue con miedo. Es bueno apasionarse. Todas las merecen, ¡hasta las brujas! Los cuidados que se tienen que tomar son simples. Contra mujer bruja todo cuidado es poco. No te importes con el corazón, ella se lo llevará de todas formas: ten cuidado con la libertad, aun con el corazón comprometido, tiene que ser mantenida, a la bruja le gusta quitar la libertad y no hace eso de una vez, va poco a poco, con aromas, movimientos, formas de hacer el amor, palabras calientes, te aprisiona y cuando te das cuenta ya olvidaste la playa, el bar nunca más y los amigos quedaron atrás.”

“Preserva la alegría y no abandones a los amigos, a la mujer bruja le gusta la tristeza aquí y allí y de asustar con palabras de comando. Aunque ya hayas descubierto que es una bruja, mantén el equilibrio y las palabras de cariño. La ternura y el cariño permanentes son capaces de calmar a la bruja y de quitarle la fuerza de su embrujo.”

“La mujer cuando esté apasionada puede ayudarte. Dale el comando y hazle solo el amor. Deja que te use como objeto sexual, las finanzas van a crecer. Mantén la libertad y la alegría y no te escondas, saben todo, hasta el secreto del cofre.”

“Cuando te canses de ella no te separes rompiendo platos y dividiendo los CDs. Derrama lágrimas, llora de nostalgia antes de que llegue y camina cabizbajo, solitario y entristecido. Si te pregunta por qué, dile que es para su bien, que estás sufriendo para que tenga un futuro mejor, que no eres suficientemente bueno para ella. Exagera tus errores, dile que siempre soñaste con una mujer como ella, pero que el tiempo te quitó ese derecho.”

“Guarda luto por un mes. No frecuentes bares, ni vayas a la playa. Haz el amor a escondidas y oye música baja, como si rezaras. Nunca muestres alegría durante el periodo de luto y toma solo vodka puro. Lo mejor contra la brujería.”

“No te apasiones, durante ese tiempo, por rubias o mulatas, solo morenas. Y tienen que ser altas y de piernas fuertes. De preferencia brujas también, bruja contra bruja da hombres lobo y entonces vas a hacer el amor como un león.”

“No intentes ir al fútbol, tu equipo va a perder. Jugar al ‘bicho’ ni pensar. Póker, jamás. El periodo de luto es serio y sin él las brujas toman cuenta y nunca más te levantas.”

“No comas ‘coxinha’ de gallina ni empanada de gambas, son mortales y pueden envenenarte para siempre. Caviar y champán sin peligro.”

“Anda siempre por la derecha, izquierda solo para los políticos. No cruces semáforos, alguien avanzará. Atraviesa siempre fuera del semáforo y no mires a los coches, van a parar.”

“Pasados los treinta días de luto, haz una gran fiesta. Con carnes sabrosas y vino tinto. Mucha música y poesía, al final, estás libre de nuevo y la brujería pasó. Haz el amor con una rubia, apasiónate, habla alto y llénala de besos en todos los lugares. Busca amigos, cuenta historias y ríe sin parar. Una caipirinha es fantástica y todos los días pueden ser sábado.”

“Pero recuerda siempre: no hay remedio contra brujas, no existe vacuna y, así, hasta la rubia de la celebración puede ser una. Entrégate con placer, sabiendo que el mundo es la gran pasión de los que están vivos.”

“No te olvides del cariño, los pequeños detalles, las palabras dulces, la flor siempre escondida, aquella música que habla al corazón, al romanticismo. La bruja no resiste romanticismo, aunque llena de magias, ella se entrega, y no digas que ya estuviste con otra bruja, les gusta ser únicas.”

Cuando paré de escribir, el poeta y el maestro comenzaron a aplaudir.

-¿Cómo te puedes concentrar tanto? Estamos en Ipanema, mi amigo, el centro del mundo y de las mujeres deliciosas, ya pasaron dos infernales por aquí, brujas, pero lindas, Manuel ya invitó a dos rondas y Rivelino hizo dos goles y tú ahí, escribiendo. Fenómeno, amigo, fenómeno. Tu texto está aprobado por unanimidad. Vamos a mandar imprimir y distribuir gratuitamente por la playa.

-¿Y ustedes? ¿No escribieron nada?

-¿Para qué? ¡Ya es casi sábado y trabajar ni pensar!

-Fui explotado, declaré, y puse cara de ofendido.

-Manuel, dos caipirinhas más gratis para nuestro escritor y dile a la rubia que está en el bar que venga.

-Rubia, ni pensar, respondí, se está haciendo de noche y a esta hora solo morenas.

El maestro se levantó y dijo solemnemente.

-Queda postergada para mañana la publicación y lectura del manual contra las brujas. Hasta entonces todas las mujeres del mundo están liberadas para amarnos, hombres sin miedo, tenemos total libertad para apasionarnos.

Salió andando con su cadencia, andar de maestro, ritmo correcto. El poeta me miró y repitió la pregunta de siempre.

-Anocheció, es hora de beber, ¿no?

-¿Dónde?

-Vamos al Rond Point en Copacabana, y después vamos a oír una buena música, y si hay suerte encontramos unas brujas para aprender cómo son.

Seguimos por la noche de Copacabana, y como no podía dejar de ser, amanecimos abrazados a dos brujas maravillosas. ¿Para qué escribir un manual contra eso? Pensé, miré de nuevo a mi bruja rubia y me entregue a una pasión sin remordimientos.

Como diría Vinícius: -¡Ojalá!

 


Max Gonçalves


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